La construcción de paz no ocurre únicamente en escenarios de guerra o conflicto armado. También se construye todos los días en los hogares, barrios, escuelas, mercados, comunidades y espacios donde las mujeres sostienen redes de cuidado, diálogo y convivencia. Esa mirada es el punto de partida de “Tramarte. Encuentros para tejer paz”, un proyecto cultural que visibiliza a mujeres bolivianas como protagonistas de la paz desde el arte y la cotidianidad.
La iniciativa fue desarrollada por la Asociación Aguayo con el impulso de ONU Mujeres Bolivia, dentro de la Iniciativa de las Naciones Unidas para la Consolidación de la Cultura de Paz en Bolivia. El proyecto trabajó con 148 mujeres de seis municipios: El Alto, Santa Cruz, Potosí, Villamontes, Coroico y Cochabamba.
Tramarte: encuentros para tejer paz
El nombre del proyecto resume su intención: tramar, tejer y crear paz desde las experiencias reales de las mujeres. A través de espacios artísticos, comunitarios y participativos, Tramarte buscó reconocer que muchas bolivianas ya construyen paz en sus entornos, aunque su trabajo no siempre sea visible.
La directora ejecutiva de la Asociación Aguayo, Tania Oros, explicó que el proyecto quiso transmitir que las mujeres están “tejiendo paz permanentemente” desde distintos ámbitos de la vida cotidiana.
Esta idea amplía el concepto tradicional de paz. No se trata solo de ausencia de violencia, sino de crear vínculos, cuidar comunidades, resolver tensiones, promover respeto y sostener la vida diaria con dignidad.
Mujeres bolivianas como protagonistas de la paz
El proyecto dio voz a mujeres obreras, emprendedoras, artistas e indígenas de Bolivia. Sus historias muestran que la paz también se construye desde el trabajo, la organización comunitaria, la creatividad, la maternidad, la memoria y la defensa de derechos.
En muchos contextos, las mujeres cumplen un papel fundamental en la mediación de conflictos familiares, en el cuidado de niñas y niños, en la organización barrial y en la generación de ingresos. Sin embargo, esas tareas suelen ser poco reconocidas.
Tramarte pone en valor ese aporte y muestra que las mujeres no son solo beneficiarias de políticas de paz, sino actoras activas en la reconstrucción del tejido social.
Arte para contar historias de vida
El arte fue una herramienta central dentro del proyecto. A través de expresiones como teatro, fotografía, muralismo y creación colectiva, las participantes pudieron compartir experiencias, memorias y formas de entender la paz.
Estas prácticas artísticas permiten contar historias que muchas veces no encuentran espacio en discursos oficiales. Una imagen, una escena teatral o un mural pueden transmitir emociones, resistencias y aprendizajes de manera directa y cercana.
En Santa Cruz, por ejemplo, mujeres del Plan 3000 participaron en una exposición fotográfica y en la presentación de una obra teatral, además de un mural que reflejó el papel de las mujeres en los procesos de paz y reconstrucción comunitaria.
La paz también se construye en la vida cotidiana
Uno de los mensajes más potentes del proyecto es que la paz no pertenece únicamente a grandes acuerdos políticos. También nace en acciones pequeñas y constantes: escuchar, cuidar, educar, trabajar, acompañar, organizarse y crear comunidad.
Las mujeres bolivianas participantes mostraron que la paz se teje en espacios comunes. En una familia que busca resolver sus diferencias sin violencia. En un barrio que se organiza para mejorar su entorno. En una emprendedora que genera oportunidades. En una artista que transforma el dolor en expresión visual.
Esta mirada cotidiana hace que la paz sea más cercana, concreta y posible.
Memoria, comunidad y participación femenina
Tramarte también funciona como un ejercicio de memoria. Al reunir relatos de mujeres de distintos municipios, el proyecto ayuda a construir una narrativa más amplia sobre el papel femenino en Bolivia.
La memoria colectiva no solo recuerda hechos pasados. También permite reconocer a quienes han sido invisibilizadas. En este caso, las mujeres aparecen como creadoras, trabajadoras, cuidadoras, líderes y constructoras de convivencia.
La participación femenina es clave para cualquier cultura de paz. Sin mujeres en los procesos comunitarios, artísticos y sociales, la paz queda incompleta.
Arte comunitario para transformar imaginarios
El arte comunitario tiene la capacidad de cambiar la forma en que una sociedad se mira a sí misma. Cuando las mujeres ocupan escenarios, muros, fotografías y espacios públicos, también ocupan un lugar simbólico en la conversación social.
Por eso, proyectos como Tramarte no solo producen obras artísticas. También transforman imaginarios. Muestran que las mujeres bolivianas tienen historias que contar, saberes que compartir y propuestas para construir una sociedad más pacífica e igualitaria.
El arte se convierte así en una forma de participación ciudadana y en una herramienta para fortalecer la cohesión social.
ONU Mujeres Bolivia y la cultura de paz
El respaldo de ONU Mujeres Bolivia refuerza la dimensión institucional del proyecto. La iniciativa se inscribe en una agenda más amplia orientada a promover igualdad, participación femenina y construcción de paz en el país.
Este tipo de alianzas entre organizaciones sociales, cooperación internacional y comunidades locales permite impulsar procesos que van más allá de un evento puntual. La clave está en generar espacios donde las mujeres puedan expresarse, organizarse y ser reconocidas como agentes de cambio.
Conclusión
“Tramarte. Encuentros para tejer paz” muestra que las mujeres bolivianas construyen paz desde el arte, la memoria y la vida cotidiana. Al dar voz a 148 mujeres de distintos municipios, el proyecto visibiliza historias que hablan de cuidado, trabajo, creatividad, resistencia y comunidad.
La paz no siempre se construye en grandes mesas de negociación. Muchas veces nace en los gestos diarios de quienes sostienen la vida, reparan vínculos y crean espacios más humanos. Desde esa mirada, las bolivianas participantes de Tramarte demuestran que el arte puede ser una herramienta poderosa para reconocer, sanar y tejer una cultura de paz.










