Galicia volvió a situarse en el mapa internacional del arte urbano gracias a tres murales seleccionados por la plataforma Street Art Cities dentro de su reconocimiento anual a los mejores murales del mundo.
Las obras, ubicadas en distintos puntos del territorio gallego, muestran la diversidad y la fuerza del muralismo contemporáneo: desde la defensa de los animales hasta la memoria de los oficios tradicionales y la celebración de las fiestas populares.
Los murales gallegos seleccionados fueron la obra de Eva Casais vinculada a la protectora Os Biosbardos, “El Afilador” de Mon Devane en San Xoán de Río y el mural de Delio Rodríguez Ces dedicado a las Festas do Carme en As Pontes.
Más allá de competir en un ranking internacional, estas tres piezas demuestran cómo el arte urbano puede transformar espacios, contar historias locales y proyectar la identidad gallega al mundo.
Galicia, protagonista del arte urbano internacional
El reconocimiento de Street Art Cities confirma el buen momento que vive el muralismo en Galicia.
Durante los últimos años, la comunidad se ha convertido en un territorio especialmente activo para el arte urbano. Festivales, proyectos municipales, iniciativas culturales, intervenciones comunitarias y artistas con proyección internacional han convertido fachadas, refugios, aldeas y plazas en espacios de expresión artística.
Lo interesante de estas tres nominaciones es que no se concentran en una sola ciudad. Al contrario, reflejan la capacidad del muralismo gallego para llegar a pueblos, protectoras de animales, espacios rurales y plazas con fuerte valor comunitario.
Esto demuestra que el arte urbano ya no pertenece únicamente a las grandes urbes. También puede nacer en aldeas, municipios pequeños y entornos donde cada muro tiene una historia que contar.
Street Art Cities y el valor de los murales con historia
Street Art Cities es una de las plataformas internacionales más importantes dedicadas a documentar, mapear y difundir arte urbano en todo el mundo.
Cada año, la plataforma reúne obras seleccionadas por su calidad artística, impacto visual, conexión con el territorio y capacidad para emocionar al público.
Los murales gallegos seleccionados destacan precisamente por eso: no son solo piezas decorativas, sino obras con relato, identidad y significado social.
Cada una aborda un tema distinto, pero todas comparten una misma idea: el muralismo puede convertirse en una forma de memoria colectiva.
Eva Casais y el mural de Os Biosbardos
Uno de los murales gallegos más emotivos es el creado por la artista viguesa Eva Casais para la protectora de animales Os Biosbardos, en Ponteareas.
La obra representa a los animales cuidados en el refugio y nació con una intención solidaria: llenar de color un espacio asociado al abandono, la espera y la necesidad de segundas oportunidades.
El mural fue realizado de forma altruista, con materiales donados y el apoyo de voluntarios. Esa dimensión colectiva le dio un valor especial, porque la obra no surgió como un encargo convencional, sino como un gesto de compromiso con la protección animal.
Con el tiempo, el mural superó su ubicación inicial y se convirtió en un símbolo contra el maltrato animal.
Un mural que da voz a los animales
La fuerza del mural de Eva Casais está en su capacidad para emocionar.
No se limita a representar animales de forma estética. Los convierte en protagonistas, en rostros visibles de una realidad muchas veces ignorada: la de los refugios, las adopciones, el abandono y el trabajo silencioso de quienes cuidan a perros y gatos sin hogar.
El reconocimiento internacional permitió que la protectora ganara visibilidad y que el mensaje del mural llegara mucho más lejos.
El arte urbano, en este caso, funciona como altavoz social. Transforma una pared en una llamada de atención y convierte una causa local en una conversación global.
De Ponteareas a nuevas localizaciones
Aunque la obra nació en la protectora Os Biosbardos, su impacto hizo que adquiriera una dimensión itinerante.
El mural comenzó un recorrido simbólico por nuevas localizaciones vinculadas a la defensa de los animales, como la Protectora do Morrazo y Cadeliños.
Esa movilidad refuerza el carácter social de la pieza. No es solo una pintura fija, sino una imagen que viaja con un mensaje claro: sensibilizar, promover adopciones y recordar que el cuidado animal también forma parte de la cultura de una comunidad.
Mon Devane y “El Afilador” de San Xoán de Río
La segunda obra gallega destacada es “El Afilador”, del artista ourensano Mon Devane, ubicada en San Xoán de Río, en la provincia de Ourense.
El mural retrata a Juan Pérez, un vecino de la aldea de Castiñeiro que representa la historia de muchos gallegos marcados por el trabajo, la emigración y la dignidad de los oficios tradicionales.
Mon Devane, conocido por su estilo fotorrealista y su dominio del spray, convierte el rostro de Juan en una imagen monumental. Las arrugas, la mirada y la expresión del protagonista transmiten memoria, resistencia y orgullo rural.
Un homenaje al oficio del afilador
El afilador forma parte de la identidad cultural gallega.
Durante generaciones, muchos hombres recorrieron caminos, pueblos y ciudades ofreciendo sus servicios para afilar cuchillos, herramientas y utensilios cotidianos. Su silbato característico quedó grabado en la memoria sonora de muchas localidades.
Con este mural, Mon Devane rinde homenaje a un oficio que forma parte del patrimonio inmaterial de Galicia.
La obra no mira al pasado con nostalgia vacía. Lo presenta como una fuente de dignidad, conocimiento y memoria colectiva.
Juan Pérez, emigración y retorno
La historia de Juan Pérez conecta con una experiencia muy gallega: la emigración.
Como tantos otros, tuvo que salir de su tierra para buscar mejores oportunidades. Trabajó fuera, regresó y mantuvo viva la memoria de un oficio que hoy parece pertenecer a otro tiempo.
El mural convierte esa trayectoria en una imagen pública. Lo que antes podía quedar reducido a una historia familiar o local pasa a formar parte del paisaje y de la conversación cultural.
En una aldea pequeña, el rostro de Juan se vuelve gigante. Y con él, también se agranda la historia de quienes trabajaron en silencio para sacar adelante a sus familias.
Arte urbano e innovación rural
“El Afilador” también destaca por su ubicación.
El mural se encuentra vinculado a un espacio de innovación rural que busca conectar memoria, tecnología, arte, ciencia y gastronomía.
Este detalle resulta especialmente interesante porque muestra cómo el arte urbano puede formar parte de proyectos de revitalización territorial.
En lugar de entender lo rural como algo estático o en decadencia, el mural propone una lectura distinta: los pueblos pueden ser lugares de memoria, pero también de futuro, creatividad e innovación.
Delio Rodríguez Ces y las Festas do Carme en As Pontes
El tercer mural gallego seleccionado es obra de Delio Rodríguez Ces, reconocido artista vigués, y se encuentra en As Pontes, en la provincia de A Coruña.
La pieza recrea las Festas do Carme, una celebración muy vinculada a la identidad local y a la memoria colectiva del municipio.
Ubicado en la plaza del mismo nombre, el mural fue realizado por encargo del Concello y se integra en el espacio público como una forma de conservar y celebrar una tradición popular.
Un mural para celebrar la identidad local
La obra de Delio Rodríguez Ces conecta con la vida festiva de As Pontes.
Las fiestas populares no son solo eventos del calendario. Son espacios donde se reúnen generaciones, se refuerzan vínculos comunitarios y se transmiten costumbres.
Al llevar las Festas do Carme a un mural, el artista convierte esa celebración en una imagen permanente dentro del paisaje urbano.
El mural funciona como memoria visual: recuerda lo que la comunidad celebra, lo que comparte y lo que desea conservar.
El valor del arte urbano en los municipios
Estos tres murales demuestran que el arte urbano puede ser una herramienta poderosa para los municipios.
Un mural bien integrado puede embellecer un espacio, atraer visitantes, reforzar la identidad local y generar orgullo vecinal.
También puede convertirse en un recurso turístico. Cada vez más personas viajan para descubrir rutas de murales, fotografiar obras, conocer artistas y recorrer pueblos desde una mirada cultural diferente.
En Galicia, este fenómeno está creciendo. El muralismo permite redescubrir lugares que quizás no estaban en los circuitos turísticos tradicionales, pero que tienen mucho que contar.
Murales con causa, memoria y tradición
Lo más interesante de estas tres obras es que cada una representa una dimensión distinta del arte urbano gallego.
El mural de Eva Casais habla de protección animal, voluntariado y sensibilidad social.
“El Afilador” de Mon Devane habla de memoria rural, oficio, emigración y dignidad.
El mural de Delio Rodríguez Ces habla de fiestas populares, identidad local y celebración comunitaria.
Juntas, las tres obras muestran que el muralismo no es solo color en una pared. Es una forma de narrar el territorio.
Galicia como museo abierto
Cada vez más municipios gallegos están apostando por convertir sus calles en museos al aire libre.
Esta estrategia permite acercar el arte a todas las personas, sin barreras de entrada ni espacios cerrados. El arte urbano se vive caminando, mirando, fotografiando y compartiendo.
Además, los murales tienen una ventaja especial: pueden dialogar directamente con el lugar donde se encuentran.
No es lo mismo pintar un mural en una gran avenida que hacerlo en una protectora, una aldea o una plaza vinculada a una fiesta tradicional. El contexto cambia el significado de la obra.
Turismo cultural y arte urbano en Galicia
El reconocimiento internacional de estos murales también puede impulsar el turismo cultural.
Galicia ya cuenta con un fuerte atractivo por su paisaje, gastronomía, patrimonio, Camino de Santiago, costa, pueblos y cultura. El arte urbano suma una capa nueva a esa experiencia.
Para visitantes interesados en propuestas alternativas, los murales ofrecen rutas diferentes y conectan con historias locales que muchas veces no aparecen en las guías tradicionales.
Ponteareas, Moaña, San Xoán de Río y As Pontes pueden atraer a nuevos públicos gracias a obras que han cruzado fronteras desde una pared gallega.
La importancia de los artistas gallegos
El éxito de estas obras también pone en valor el talento de los artistas gallegos.
Eva Casais, Mon Devane y Delio Rodríguez Ces representan estilos, trayectorias y sensibilidades diferentes, pero comparten una misma capacidad: transformar una historia local en una imagen con impacto universal.
Ese es uno de los grandes poderes del muralismo. Una obra puede nacer de un refugio, un vecino o una fiesta concreta, pero emocionar a personas de cualquier país.
Cuando el arte es auténtico y está conectado con una historia real, su alcance puede multiplicarse.
Street Art Cities y la proyección global de Galicia
Estar en una selección de Street Art Cities significa entrar en una conversación mundial sobre arte urbano.
Para Galicia, esta presencia refuerza su posicionamiento como territorio creativo, con artistas capaces de competir junto a murales realizados en grandes ciudades y destinos internacionales.
El reconocimiento también ayuda a que municipios pequeños ganen visibilidad.
Una aldea, una protectora o una plaza local pueden aparecer en plataformas globales gracias a una obra que conecta con el público.
El muralismo como forma de futuro
El caso de estos tres murales invita a pensar en el futuro del arte urbano en Galicia.
Los murales pueden formar parte de políticas culturales, turísticas, sociales y educativas. Pueden ayudar a recuperar espacios degradados, activar rutas culturales, atraer visitantes y generar conversaciones sobre temas importantes.
Pero para que eso funcione, es fundamental respetar la calidad artística, el contexto local y la participación de la comunidad.
Los mejores murales no son los que simplemente decoran, sino los que dialogan con la vida del lugar.
