Galdakao transforma sus calles con murales que generan empleo juvenil

El municipio de Galdakao, en Bizkaia, ha encontrado en el arte urbano una herramienta capaz de unir belleza, empleo, formación e inclusión social. A través de una iniciativa impulsada por el Ayuntamiento y desarrollada junto a Gaztaroa-Sartu Koop, distintas paredes, túneles, pasadizos y espacios públicos se han convertido en lienzos llenos de color.

El proyecto, liderado artísticamente por José Ramón Bada, demuestra que los murales pueden tener una función mucho más profunda que decorar una pared. En Galdakao, el muralismo se ha convertido en una vía para mejorar el paisaje urbano y, al mismo tiempo, ofrecer oportunidades laborales a jóvenes con dificultades para acceder al mercado de trabajo.

La iniciativa combina formación, empleo, creatividad y participación comunitaria. Su objetivo es claro: transformar espacios grises del municipio en lugares más amables, visibles y llenos de identidad.

Murales que embellecen y generan oportunidades

El proyecto de muralismo en Galdakao tiene una doble finalidad.

Por un lado, busca mejorar el aspecto de zonas urbanas deterioradas, oscuras o poco atractivas. Por otro, ofrece una experiencia real de formación y trabajo a jóvenes en situación de vulnerabilidad o con dificultades de inserción sociolaboral.

Esta combinación convierte el arte urbano en una herramienta de desarrollo local.

Los jóvenes participantes no solo pintan muros. Aprenden técnicas, trabajan en equipo, cumplen horarios, desarrollan habilidades personales y adquieren una experiencia que puede ayudarles a incorporarse al mercado laboral.

El resultado se ve en las paredes, pero también en las personas.

El papel de José Ramón Bada

El artista José Ramón Bada ha sido una figura clave en el desarrollo de esta iniciativa.

Con una amplia trayectoria en el arte urbano y el muralismo en Euskal Herria, Bada ha dirigido la parte artística del proyecto, guiando a los jóvenes participantes en el proceso de diseño, preparación y ejecución de las obras.

Su papel no se limita a enseñar a pintar. También acompaña, motiva y transmite una forma de entender el muralismo como trabajo colectivo, intervención social y mejora del entorno.

En este tipo de proyectos, el artista se convierte en algo más que creador. Es formador, coordinador y puente entre la creatividad y la inclusión.

Gaztaroa-Sartu Koop y la inserción sociolaboral

La cooperativa Gaztaroa-Sartu Koop participa en el proyecto desde una perspectiva social, orientada a la formación, la empleabilidad y la inclusión.

Su trabajo se centra en acompañar a personas que necesitan apoyo para acceder al empleo, desarrollar competencias y mejorar sus oportunidades profesionales.

En Galdakao, esta labor se concreta en un proyecto visible para toda la ciudadanía: murales que transforman el espacio público y muestran que la inclusión también puede generar belleza.

La iniciativa demuestra que los programas de empleo no tienen por qué limitarse a tareas invisibles. Pueden dejar una huella urbana, cultural y comunitaria.

Una primera experiencia en 2019

La primera experiencia de inserción sociolaboral a través del muralismo en Galdakao se desarrolló entre febrero y junio de 2019.

Durante esa etapa se realizaron intervenciones en espacios como el pasadizo de Errekalde Bidea, las escaleras de Zubiaurretarren kalea y los suelos de la zona infantil de Urreta kalea, donde se pintaron juegos gigantes.

Estas primeras actuaciones demostraron que el proyecto podía funcionar en varios niveles: mejoraba el aspecto de zonas concretas, ofrecía formación práctica y generaba una respuesta positiva en la ciudadanía.

El muralismo empezó así a convertirse en una herramienta urbana y social para el municipio.

De los túneles oscuros a espacios con vida

Uno de los grandes aciertos del proyecto ha sido intervenir espacios que antes podían percibirse como oscuros, fríos o descuidados.

Túneles, pasadizos, muros y zonas de tránsito se han convertido en soportes artísticos capaces de cambiar la experiencia cotidiana de quienes caminan por Galdakao.

En 2020, por ejemplo, se actuó en una pared de la calle Lapurdi, en el túnel de Bekea, en la zona de Gorosibai del barrio de Usansolo, en una fachada de la escuela de música y en el muro de la zona de los bomberos.

Estas intervenciones ayudaron a dignificar espacios que forman parte de la vida diaria del municipio.

Nuevas paredes, nuevos relatos

La iniciativa continuó con nuevas actuaciones en túneles, pasadizos, plazas y edificios públicos.

Entre los espacios intervenidos se encuentran los túneles de Arantzile y Bengoetxe, el pasadizo de la calle Somera, el muro de la plaza Dos de Mayo, la plaza Santi Brouard y la Escuela Municipal de Música Máximo Moreno.

Cada lugar tiene una función distinta dentro del municipio, pero todos comparten algo: el muralismo los convierte en espacios más reconocibles, cuidados y llenos de identidad.

El arte urbano deja de ser un elemento aislado para formar parte de una estrategia de mejora del paisaje urbano.

Cinco jóvenes contratados en un nuevo plan de empleo

La continuidad del proyecto se reforzó con un nuevo plan de empleo que contempló la contratación de cinco personas jóvenes con especiales dificultades para encontrar trabajo.

Antes de salir a intervenir los espacios públicos, los participantes recibieron formación y preparación específica.

Este enfoque es fundamental porque no se trata solo de contratar temporalmente, sino de capacitar. La experiencia busca mejorar competencias profesionales, personales y sociales para que los jóvenes puedan tener más herramientas de cara al futuro.

El muralismo se convierte así en un medio para aprender haciendo.

Arte urbano como herramienta de inclusión

El caso de Galdakao demuestra que el arte urbano puede ser una herramienta de inclusión social.

Pintar un mural exige planificación, responsabilidad, coordinación, técnica, creatividad y constancia. Todas esas habilidades son transferibles al mundo laboral.

Además, trabajar en un proyecto visible genera autoestima. Los jóvenes pueden ver el resultado de su esfuerzo en una pared, en un túnel o en una plaza por la que transitan sus vecinos.

Esa visibilidad tiene un valor simbólico importante: el trabajo realizado no desaparece, queda integrado en el municipio.

La ciudadanía como beneficiaria directa

El proyecto no beneficia únicamente a quienes participan en el plan de empleo.

También mejora la experiencia de la ciudadanía. Los vecinos encuentran espacios más agradables, coloridos y cuidados. Los niños pueden jugar en zonas pintadas. Los túneles dejan de sentirse tan fríos. Las calles ganan personalidad.

Cuando el arte llega al espacio público, se democratiza. No hace falta entrar a un museo ni pagar una entrada. Basta con caminar por el municipio para encontrarse con una obra.

Esta accesibilidad es una de las grandes fortalezas del muralismo urbano.

Galdakao como galería al aire libre

Con el paso del tiempo, Galdakao ha ido construyendo una especie de galería al aire libre.

Las intervenciones repartidas por diferentes barrios y zonas del municipio permiten crear recorridos visuales que conectan arte, calle y vida cotidiana.

Este tipo de proyectos puede tener también un valor turístico y cultural. Los murales pueden convertirse en puntos de interés, generar rutas urbanas y fortalecer la imagen del municipio como un lugar que apuesta por la creatividad y la inclusión.

Galdakao muestra que una política local bien orientada puede transformar muros en relatos.

Regeneración urbana desde lo cotidiano

La regeneración urbana no siempre necesita grandes obras, inversiones millonarias o cambios estructurales.

A veces, una intervención artística bien pensada puede modificar la percepción de un espacio. Un túnel iluminado por color, una pared recuperada o una zona infantil transformada pueden mejorar la relación de los vecinos con su entorno.

En Galdakao, los murales actúan como pequeñas mejoras con gran impacto cotidiano.

El proyecto demuestra que cuidar el espacio público también significa hacerlo más bello, cercano y humano.

Formación, empleo y creatividad en un mismo proyecto

Uno de los valores más importantes de esta iniciativa es que une tres dimensiones que a menudo se trabajan por separado: formación, empleo y creatividad.

Los jóvenes aprenden una actividad práctica. Al mismo tiempo, reciben una oportunidad laboral y participan en una intervención artística que tiene impacto comunitario.

Este modelo permite que la inserción sociolaboral sea más motivadora y visible.

En lugar de plantear el empleo únicamente como una obligación, lo conecta con el orgullo de contribuir a mejorar el municipio.

Lanbide y el apoyo institucional

El proyecto cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Galdakao y de Lanbide, el Servicio Vasco de Empleo.

Este respaldo institucional es clave para que iniciativas de este tipo puedan sostenerse y ampliarse.

La colaboración entre administración pública, entidades sociales y profesionales del arte permite diseñar programas con mayor impacto. Cada actor aporta una pieza: financiación, acompañamiento, formación, creatividad y conexión con el territorio.

El resultado es un proyecto que combina política de empleo, cultura urbana e intervención social.

Murales con sentido comunitario

Los murales de Galdakao no nacen como obras desconectadas del entorno.

Los diseños se trabajan en equipo, se consensúan y se adaptan a los espacios donde van a ser pintados. Esta metodología permite que cada intervención tenga sentido dentro del municipio.

Cuando un mural se integra bien en su contexto, deja de ser un elemento decorativo y se convierte en parte del lugar.

Por eso, el proyecto no solo cambia paredes. También construye pertenencia.

Jóvenes con nuevas competencias

La participación en este programa permite que los jóvenes desarrollen competencias técnicas y personales.

Aprenden preparación de superficies, uso de materiales, aplicación de color, trabajo con plantillas, composición visual y ejecución mural.

Pero también trabajan habilidades como puntualidad, responsabilidad, comunicación, resolución de problemas, cooperación, organización y perseverancia.

Estas competencias pueden resultar muy valiosas para futuras experiencias laborales, incluso fuera del ámbito artístico.

El muralismo como empleo cultural

El proyecto de Galdakao también abre una reflexión sobre el empleo cultural.

El arte no debe verse solo como expresión estética, sino también como sector capaz de generar trabajo, formación y desarrollo local.

El muralismo, en particular, puede crear oportunidades para artistas, jóvenes aprendices, gestores culturales, técnicos, entidades sociales y municipios que buscan mejorar sus espacios públicos.

Cuando se planifica bien, el arte urbano puede formar parte de políticas de empleo, juventud, cultura, urbanismo y cohesión social.

Una iniciativa replicable en otros municipios

El modelo de Galdakao puede servir de inspiración para otros municipios.

Muchas localidades cuentan con muros deteriorados, pasos subterráneos, zonas infantiles apagadas o espacios públicos que podrían transformarse mediante proyectos de muralismo social.

Si además esas intervenciones se vinculan a programas de empleo y formación, el impacto se multiplica.

No se trata solo de pintar por pintar. Se trata de crear oportunidades mientras se mejora el entorno.

Arte que dignifica el espacio público

Uno de los grandes mensajes del proyecto es que el arte puede dignificar espacios olvidados.

Un muro oscuro puede convertirse en una imagen luminosa. Un paso deteriorado puede transformarse en un lugar más amable. Una zona infantil puede ganar vida a través del color.

Estos cambios influyen en cómo los ciudadanos perciben su propio municipio.

Cuando un espacio está cuidado, transmite atención. Cuando está abandonado, comunica descuido. Los murales ayudan a cambiar esa narrativa urbana.

Periodista especializada en estilo de vida, salud y bienestar. Le gusta conectar con el lector a través de contenido útil y cercano.